Otra ciudadanía para otros políticos

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Caminante no hay camino, se hace camino al andar...A. Machado

Caminante no hay camino, se hace camino al andar…A. Machado

En la calle hay un dicho que enuncia que España se está argentinizando y Argentina se está venezolizando.

Hasta el momento mi percepción me guiaba a una interpretación del tipo económico: la clase media en España está a la baja; una buena porción ha pasado a ser pobre: véanse los datos de niños en riesgo de pobreza que hablan de padres pobres. En el siguiente escalón está Argentina que se dice bolivariana, cuando lo que copia no es sino una estética histérica, muy común al difunto Chávez y a la actual Cristina, ya que petróleo no se está repartiendo, sus niveles de analfabetismo son relevantes por primera vez en décadas y entre tanto, le dan al verbo para tapar acciones del poder por el poder, independientemente del partida en el que se milite.

En realidad, pensándolo bien, habrá quien vea en el alza del nuevo partido político ‘Podemos’ una tendencia hacia el populismo de tipo chavista, una frase que nos lleva a América del Sur cuando pensábamos que tan solo estábamos al norte de África, como bien sabía Ortega.

El miedo a la ruptura del bipartidismo es lo que sin embargo – y ahora lo veo claramente- nos ha llevado de facto a una evidente “argentinización y venezolización”, pero no en cuanto a la imagen que unos y otros pretenden dar en estos últimos años, sino en las prácticas que siempre han caracterizado a Argentina, un país que con su inmensa riqueza cultural y territorial ha permitido que se robara cientos de veces su producto interior bruto e intelectual. Así que el quid de la cuestión es más bien el hecho de que un país con corrupción es un país cuyos ciudadanos permiten que sus representantes políticos estén corrompidos, que sus leyes no impidan la corrupción y si la hay, la castiguen proporcionalmente al daño, no material, sino moral que inflingen en los ciudadanos. ¿Y por qué moral? Porque la corrupción existe porque es permitida por toda la estructura de un estado.

Así, la indignación general que ha probocado una nueva forma de organización, no solo en la cara de Pablo Iglesias (que ya tiene gracia que tenga el mismo nombre que uno de los fundadores del PSOE!), sino antes en UpyD (sin mucho éxito), en las diferentes secesiones del PP hacia la ultraderecha o el centro de manos de organizaciones civiles como por ejemplo las vístimas del terrorismo, Equo, Vox después, y uno más, pero no cualquiera, “Podemos” al que ahora se le suma “Ganemos” que viene a ser una cualización de otras alternativas menos visibles.

Pero precisamente, donde ciertos sectores ven “argentinización” bolivariana, yo veo más bien ilustración democrática (¡por fin!), en el que una regeneración democrática no pasa por un recambio generacional -tal como lo entiende el PP, que pensando siempre en lo mismo y en sí mismo, sólo entiende el cambio como mero paso del tiempo, sin cualidad creativa en él-. El cambio de Podemos es un cambio de dinámica y de estructura donde – y he ahí otro punto de inflexión muy muy relevante- es perfecto, evidente y necesario, absolutamente necesario, que no haya un plan a priori, donde las ideas no estén pre-establecidas, donde no se tenga opinión sobre cualquier cosa y sobre todo…y ¡no! Cómo un líder, uno, puede sintetizar la voz de una multitud en debate, en reflexión, en crítica y autocrítica, en asamblea casi permanente – discurso en formación, en cambio constante de algo que está siendo creado colectivamente!- y donde no se espera llegar a ninguna conclusión concluyente, pues entonces estaría en el dogma de creer que se puede tener la solución perfecta.

Pero aquí lo que está creando falacias no es la respuesta que da ‘Podemos’ -como entidad colectiva- a una situación lamentable del país por el hecho de existir y de decir, colectivamente. La falacia se crea equivocando el problema, equivocándonos en las preguntas, porque las preguntas que tienen respuestas predeterminadas no son realmente preguntas. Y esas son las que normalmente hacen los periodistas a los políticos y los políticos a la ciudadanía en forma de listas cerradas y de democracia indirecta.

Hoy, la ilustración pasa por hacer otras preguntas a la ciudadanía y hacerle todas las preguntas al que quiera participar como representante. Y esas preguntas hay que crearlas. Otra ciudadanía para otros políticos y otros periodistas.

Tras las encuestas del CIS y Metroscopia los editoriales y columnistas se aprestan a pedir a Podemos una carta de navegación, una declaración de intenciones, una receta de cocina en que enseñen sus cartas. Pero por su propia dinámica es precisamente lo que no creo que hagan, ya que no es un producto del márketing precocinado y embasado al vacío, sino una creación constante.

No es menor la cuestión de que muchos de sus cabezas visibles vengan de la Universidad, donde si bien no encontramos el mejor panorama del mundo a nivel intelectual, es un ámbito donde se trata de evitar la tendencia a la fragmentación de la información y el conocimiento y donde sus tiempos todavía permiten reflexionar, individualmente y colectivamente. Así que podemos presuponer que sus miembros más visibles vienen de una larga reflexión sobre la teoría y sobre las prácticas más o menos contemporáneas y que algo han aprendido de todos sus errores.

En esta esperanza y en la corrección que produce una masa pensante (que no me oiga Canetti!) me regocijo al ver los ataques de PP, PSOE y periodistas (el colmo es un editorial de El País solicitando al PP que de forma urgente reaccione para no seguir perdiendo votos que asegurarían la ruptura del bipartidismo, escenario que para el Grupo Prisa parece terrorífico) entrando en pánico ante un escenario no previsible.

Solo en la creatividad está la salida, y los que no tienen miedo son los que ganarán la partida.

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Cada libro con su historia

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Cosa resta del padre? La paternità nell’epoca ipermoderna, Massimo Recalcati (2011) 189 pp

Elina Wechsle y Daniel Schoffer, La metáfora milenaria, Biblioteca nueva, (2001). 167 pp

Elina Wechsler, Arrebatos femeninos, obsesiones masculinas. Clínica psicoanalítica hoy (2008), Letras vivas

Elina Wechsler, Psiconanálisis en la tragedia: de las tragedias neuróticas al drama universal.  Biblioteca nueva

Y ya es 3 de noviembre. Llevo meses dando vueltas a varios libros de psicoanálisis pero con lecturas poco sistemáticas.

Empiezo por el más viejo, es decir, lleva reposando en mi biblioteca lo menos 6 años. Un regalo de mi psicoanalista que vino con otro. El ‘otro’ lo leí al toque y lo he vuelto a leer tres o cuatro veces, encontrando en cada lectura una nueva interpretación, porque, si una pregunta sigue ahí, dando vida a mi vida es la pregunta sobre ¿Qué es ser una mujer? Pregunta que después de mucho diván resulta que estructuraba todas las demás preguntas, y que a seis años de haber dejado esa etapa analítica, vuelve y vuelve, pero ya con más herramientas y toda una construcción personal e intersubjetiva que no cesa de crecer creativamente.

El libro en cuestión era “Psicoanálisis en la tragedia. De las tragedias neuróticas al drama universal”, de 2001. Recorría allí la figura de Fedra y Antígona, (cito de memoria), pasando por contraste con un sugerentísimo análisis de Hamlet y Edipo, referencias ya universales sobre las que se construye uno a uno cada uno o una. Junto a este libro vino el que quedó juntando polvo “La metáfora milenaria. Una lectura psiconalítica de la Biblia” (2008). Por mi aversión a temas religiosos, nunca le presté atención, es más, lo evité. Y resulta que en mi último viaje a Madrid pasé por la consulta de nuevo y antes de irme me cayeron más regalitos que ahora estoy disfrutando muchísimo, y cuando me estaba preguntando qué libros tenía y cuáles no….le dije ‘el de la metáfora lo tengo…pero la verdad no lo leí nunca…”. Ella me miró…. yo en su momento lo interpreté como un reproche, pero ahora que lo he leído DOS VECES SEGUIDAS!, entiendo que iba de otra cosa la mirada.

Y si, hay textos que no permiten una lectura. La primera es puro reconocimiento del terreno, la segunda aprovechamiento y al tomar notas, reflexión.

La verdad de la cuestión es que entre los nuevos regalos bibliográficos había uno que desde la primera página me resultó muy complicado. Tuve oportunidad de hablarlo con ella y me dijo que efectivamente, era para especialistas. Y señalada la dificultad ahí puse yo mi objetivo.

Al volver a casa revisé todo lo que tenía a mano, leído o no sobre el tema y volví sobre ello, para abonar el campo. Y allí apareció “La metáfora…” y luego seguí con el difícil y luego con otro y así la cadena está que arde!

Parte II: Historia de un Estado Clandestino de Ian Karski

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Este libro me lo regaló mamá entusiasmada tras su lectura. No suele fallar la mamma!

Comienzo la introducción apasionada.

Sebas me “roba” el libro mientras hago un mate y no me deja seguir la lectura. Se enfrasca en la lectura y desaparece casi dos días completos. Cada vez que me pregunto dónde está, lo encuentro libro en mano. Lee y lee. Descansamos.

Vuelvo a la lectura. Llueve y llueve mucho desde hace días. Estamos tranquilos: comer, beber, amar, dormir. Leer y ver series. Ver otros mundos mientras la naturaleza nos fuerza a una suspensión del tiempo exterior.

Uno de los puentes que no une al mundo está tapado por el agua. Mucha gente evacuada de sus casas.

Son múltiples los encuentros con obras escritas antes del final de la Segunda Guerra Mundial: Nemirovsky, Zwieg, Karski, el relato de una película de Cloony sobre el robo sistemático de obras de arte por parte de los nazis como parte del gran proyecto de la ciudad de los museos de Berlín, la serie de tv “Hermanos de sangre” sobre la división voluntaria de paracaidistas de EEUU que participaron en el final de la guerra desde el día D…. Todos ellos comparten cierta incredulidad sobre los límites de lo soportable y de lo inhumano hecho por humanos. El régimen nazi superó todos esos límites y más.

Hay algo en esta literatura que difiere de todo lo que he leído antes. Esa esperanza por la supervivencia ante lo que hacen los alemanes.

Y vuelve una sensación de que los dejaron hacer. Recuerdo la denuncia de la obra de teatro de Bretch. Como el horror se formó a base de tolerancia y corrupción. Karski lo cuenta. La corrupción entre los alemanes fue a su vez, dando una vuelta de tuerca, una herramienta de la Resistencia en Polonia y en el resto de la Europa ocupada. Pero la corrupción anterior, de todos los que dejaron que Hitler diera cada paso…fue la llave de la puerta.

La suma corrupción humana es El Horror.

Han pasado setenta y pico años y nada ha cambiado sustancialmente, el nazismo ahora se llama de otra manera y las ideas que se le oponían hoy son utópicas: la democracia se muestra como incapaz de frenar El horror.

El 24 de junio se cumplieron 100 años del nacimiento de Karski. Y hallome yo acá escribiendo sobre él.

Hasta hoy no tenía conciencia (creo que no tenía ni idea) de que el gobierno polaco fue el único que no caudicó ante Hitler. Y a pesar de ser el primero en haber sido atacado formalmente (pongamos que Austria se tomó por otras vías…puramente claudicantes con la venia de toda Europa), resistió en el exilio. Quien sabe si inspirado por un gobierno republicano español que también intentó subsistir en el exterior de sus fronteras. Pero la comunidad internacional se muestra siempre cobarde. Ayer y hoy.

El autor fue torturado, perseguido, vio morir a los suyos y a todos los demás. Vio como Polonia se derrumbaba por la presión nazi y aunque su misión era ver, oír y contar, no tuvo orejas suficientes. Al punto que los ejércitos que llegaron a las zonas ocupadas no sabían nada de los campos de concentración, mientras que los gobernantes sí sabían. Y Karski fue el mensajero.

El relato del encuentro con las autoridades del gueto judío de Varsovia es extremecedor, su visita al propio gueto y su forma de relatarlo en Londres, París, Washington… de como “le pusieron un piso” en Nueva York a finales del 44 para que escribiera todo lo que había vivido durante la guerra y el posterior olvido de su figura, y del propio libro, habla de las paradojas de la historia y de la dificultad de de aprender de lo vivido, de lo mal que el presente selecciona lo que debe retener, y de como deja ir lo que nunca debió velarse.

En una de sus últimas entrevistas (o quizá la última) que tuvo con el presidente Sikorski de Polonia en Londres éste le dijo: “ El pueblo no debe olvidar” (p. 502) y poco después, tras repasar las cicatrices del rostro de Karski, sus dientes rotos por la tortura, las marcas en la muñeca de un intento de suicidio mientras estaba detenido por la Gestapo…. le comentó: “parecen graves. Veo que también la Gestapo le ha dado una condecoración. Tiene cosas para recordar”

A lo que Karsli respondió: “Ya no me molestan más, general, pero no olvidaré…., ni lo harán mis hijos y mis nietos”.

A los pocos días se le confirió la condecoración de la cruz Virtuti Militari. Luego partió al nuevo mundo a “informar a los líderes de Naciones Unidas sobre la situación en Polonia y la condición de la Resistencia” (pp. 504-505)

Karski fue un avanzado que clamó ante el mundo entero (la incipiente ONU, el presidente de EEUU, embajadores de Europa, intelectuales y políticos británicos…) las atrocidades del nazismo. Pero me queda la duda de qué sirvió.

Hoy el genocidio mayor no es por motivos religiosos. La mayor injusticia hoy la sufren las mujeres.

Pos-data: un mes después los judíos invaden Gaza donde mueren niños y mujeres.

En España al problema del techo de cristal se le suma el terrible honor de ser uno de los países con mayor índice de trata de mujeres. “Trata” denomina el tráfico de mujeres empleadas principalmente en la prostitución. El Mal, El Horror, es la tolerancia con el proxeneta, con el que “se va de putas”. Porque detrás de cada puta hay una esclava y muchos esclavizadores.

(Link Unesco trata de mujeres) El secuestro de niñas, las ablaciones, los martirios a pedradas, los burkas y todo sus semejantes hablan de una práctica sistemática de dominación, igual que la minifalda y la anorexia, las tetas de plástico y el auge de las botineras. Ser, para ser de otro.

Releyendo este texto, veo como palpita mi asociación libre.

3569-4160: Historia de un Estado Clandestino

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Tras fracasar con la lectura de “El cementerio de Praga” de Eco, que abandoné a finales de marzo y aunque lo acarreé hasta España, no me siguió interesando y lo dejé, físicamente, en Madrid.

Ahora leo la “Historia de un Estado Clandestino” de Jan Karski

Me paro a escribir nada más leer. El libro habla del gobierno polaco en el exilio tras la invasión alemana del 39 que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

El espíritu abierto, cosmopolita, optimista, que expresa el joven Karski lo he encontrado en muchos otros testimonios reales o ficticios de esa época.

No me extraña que toda evocación de una época de preguerra se llene de matices de plenitud y vitalidad al narrar las historias ya después de la guerra. Se idealiza el pre de la guerra.

Pero en todos los casos siento que la expresión coincide con el título de las memorias de Zweig: “El mundo de ayer”

La conciencia de haber perdido un mundo, la narración de un climax cultural y su caída, su inmolación…

Y sigo encontrando paralelismos con la generación que vivió su juventud entre los 80 y los 90 que creció viendo un mundo de expansión y desarrollo que parecía saltar en trampolín con el avance de la tecnología sobre la vida cotidiana y sin embargo, un día se desayunaron que todo ese impulso, toda la educación, la libertad y sus promesas no se podrían seguir desarrollando. Una nueva caída, también con esa conciencia de pérdida sin vuelta atrás. Y no por una guerra, sino por las muchas guerras y el creciente poder de la dimensión financiera del mundo en detrimento de las personas.

El mal no se puede anticipar, y cuando se presenta es siempre peor de lo que hemos imaginado, de lo que se puede imaginar.

Y dice Karski: “Los acontecimientos se habían alejado por completo de nuestra comprensión, privándonos de toda volición”

Me pregunto si no es necesaria la volición para que pueda darse el círculo hermenéutico. Sin interpretación solo hay dogma, parálisis de la crítica. Fascismo.

8 de junio: Historia de un libro y de una amistad

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Hace muchos años con una amiga empezamos a hacer yoga. Formamos un variopinto grupo con su madre y una amiga de ésta. Nos reuníamos en su casa, en su habitación, una vez por semana al medio día. Yo galopaba desde la facultad hasta el centro de Madrid donde vivía. La profe, María, fue una precios influencia en esa época. No recuerdo cuantos años estuvimos con esa rutina, pero el grupo progresó, se sumaron otra amiga y mi hermana y avanzamos muchísimo en la exploración del yoga.

Hata Yoga era, pero probamos otras muchas variantes. La meditación, los cantos. Fueron herramientas que nos hicieron crecer.

Tras la sesión de yoga, casi siempre, por no decir siempre, me quedaba a comer las ricas cosas que cocinaba Carmen, y con la tranquilidad que da la vida universitaria solíamos pasar la tarde mi amiga y yo, sentadas en el alfeizar de su balcón tomando tés de infinidad de sabores y conversando sobre la vida.

María la profe, fabricaba unas colchonetas preciosas de colores para hacer yoga, y la madre de mi amiga me regaló una, azul y rosa oscuro. Con el tiempo, quisimos profundizar y nos recomendó un libro que presentaba una síntesis del yoga y los principios básicos de la práctica. Era un libro realmente completo en el que la propia profe había participado. Además de la filosofía contaba con todas las posturas de yoga y buenas explicaciones sobre lo que hacer y no hacer. Como la economía apretaba, mi hermana y yo compramos uno para las dos. Durante años, después de que el grupo se disolviera, después de que pasaran años más, el libro fue ciculando entre mi hermana y yo y siempre fue un precioso recuerdo para volver a la práctica del yoga. Pero nunca como en aquella habitación del centro de Madrid.

Hace unos años me mudé a la selva misionera en el noroeste argentino. Una zona rural que debe tener su encanto ya que somos muchos y variados los que nos hemos trasladado a esta zona de frontera. De a poco, hemos hecho amigos, y después de eso, siempre se chusmea la biblioteca del vecino. Y en una de esas, volví a hacer yoga con una vecina. Lo más increíble es que entre sus libros encontré el mismo libro de yoga que yo había tenido en Madrid y que al final se había quedado mi hermana. Como parte de mi recuperación se lo pedí prestado para hacerme una sesión apta para mis limitaciones de ejercicio tras la operación. ¡Disfruté tanto leyéndolo de vuelta!

Como dije, en mayo volví a mi ciudad y una noche volví a cenar con mi amiga de entonces. Tras una larga cena de sushi y buen vino le conté este reencuentro con el libro. Su cara de asombro no puedo olvidarla.

En estos años que han pasado su madre transitó por un largo cáncer que le permitió vivir más de lo que al principio pensamos. Hace dos años que ha muerto.

En esta cena Emma se acordó de que cuando murió, al repartirse la ingente biblioteca de su madre, apartó un libro para mi. Se trata del libro de Danilo sobre yoga, que aunque yo no me acordaba, mi hermana y yo le regalamos a su madre hacia el año 2002 como parte de un dar las gracias (nunca suficientemente) por el espacio que había creado para nuestros encuentros yóguicos. Una ida y vuelta que hace historia. Nuestra historia.

La última vez que vi a su madre estábamos por entrar a ver el espectáculo de Peter Brook sobre la Flauta Mágica. Fue el último espectáculo que vi en Madrid antes de venirme a Argentina. Fue en el ámbito del famoso Festival de Otoño de teatro que siempre disfrutábamos y que un día, por no se sabe qué, pasaron a época de primavera sin cambiarle el nombre. Una estupidez.

Esa tarde, en el Teatro del Canal me despedí de Mercedes y del Madrid cultureta.

Danilo Hernández, Claves del yoga, Ed. La liebre de marzo 

3241-3568: Sábado. Un día con Ian McEwan

Vuelvo con la maleta llena de libros. Regalos muy diferentes que ya han empezado a dar sus frutos. Antes de volver Tití organizó una linda cena familiar con locro y encima me regaló un libro: “Sábado”. Una historia que transcurre en un día, al uso de las viejas tragedias griegas y el teatro de la edad de oro español. Unidad de tiempo. De lugar: Londres. Unidad de acción: presentación, nudo y desenlace trágico.

El argumento es sencillo y el estilo fluido. Se lee del tirón. Puede que la traducción no sea la mejor en cuanto al lenguaje coloquial, pero si hace un buen trabajo con los términos técnicos.

Me saltan dos temas: la vida de trabajo o la nada o bien, el trabajo=nada o vivir trabajando para evitar la nada. Y ahí, tangencialmente, aparece el tema de la conciencia como fenómeno o epifenómeno del cerebro.

“Hay días, e incluso semanas enteras, en que el trabajo puede llenar cada hora; es la marea, el ciclo lunar al que han ajustado su vida, y sin él, al parecer, no hay nada. Henry y Rosalind Perowne no son nada” (p. 36)

“el trabajo es el emblema primordial de la salud” (p. 37)

La conciencia

Es personaje es un neurocirujano abnegado con su trabajo, exitoso, todavía joven, responsable con sus pacientes y su familia. Vive en Londres y con él vivimos un día en su vida entre la rutina y lo extraordinario a través de su hilo de conciencia y de un narrador omnisciente.

La ciudad vive un día extraordinario porque se celebra la manifestación más multitudinaria que hubo contra la guerra en Irak. Opiniones a favor de la guerra se dispersan por sus páginas casi a modo de autojustificación: la violencia tiene cabida en su cosmos y así la violencia se desata.

Como buen inglés no se adentra en grandes abismos sentimentales ni en grandes temas metafísicos. Cuando se avecina, surge el pragmatismo que aleja cualquier elaboración emocional.

“El pensamiento primitivo de los que tienden a lo sobrenatural viene a ser lo que sus colegas los psiquiatras llaman un problema, o una idea, de referencia. Un exceso de subjetividad, ordenar el mundo en consonancia con tus necesidades, una incapacidad de contemplar tu propia insignificancia. En opinión de Henry, este tipo de razonamiento corresponde a un espectro en cuyo extremo, irguiéndose como un templo abandonado, se halla la psicosis” (p. 29).

Templo abandonado desde que Freud dejó de lado la psicosis por intratable. Por suerte el psicoanálisis siguió desarrollándose después de él y trató de tratarla.

Las reflexiones sobre el potencial de la neurocirugía, el papel de la psiquiatría tras el desarrollo de las intervenciones del cerebro, los psicólogos, que como dice “no se ocupan del cerebro sino de la mente, de las enfermedades de la conciencia” (p. 106)

Y más allá de la codificación genética: la repetición como generadora de cultura, de convenciones, que pueden llegar a ser tan complejas como la “politesse de la corte de Versalles, que ningún conjunto de genes explica” (p. 197).

Confiesa ya casi al final de la novela que “A pesar de todos los avances recientes, no se conoce todavía el modo en que este kilogramo aproximado y bien protegido de células codifica información y almacena experiencias, recuerdos, sueños e intenciones (…) el secreto fundamental del cerebro se descubrirá algún día. Pero incluso entonces subsistirá el prodigio de que una mera sustancia húmeda pueda crear este radiante cine interior de pensamiento, de visión, sonido y tacto conjugados de una vívida ilusión de un presente instantáneo, con un yo, otra ilusión de brillante factura, que gravita en el centro como un fantasma. ¿Llegará a saberse algún día cómo la materia se vuelve consciente?” (p. 297)

Interesante concepción de la vida psíquica como teatro interior. Pero poco contemporáneo tratar la conciencia del presente y del yo como meras ilusiones. Porque si ellas son ilusiones, la realidad es otra más y así todo nuestro mundo y nuestra vida quedan en el rango de lo ilusorio, pero sin ningún punto de referencia que lo distinga de una supuesta realidad verdadera. Así llamarlo a todo ilusión es equivalente a llamarlo verdad, no cambian en nada sus atributos.

Poco falta en la novela para que se cierre la tragedia, no quiero contar como, pero en medio de una operación reflexiona Henry: “Qué maravilloso cuento de hadas, qué comprensible y humano era el sueño del contacto que sana. Si se pudiera curar con la simple caricia de un índice, ahora lo haría2 (p. 298)

Es curioso como a lo largo de la novela transita prácticamente todas las concepciones y problemas sobre la relación cuerpo-alma y sobre la enfermedad y la curación de la mente y del cerebro. Y en este momento alude a aquello que Mesmer y tantos otros soñaron, curar por la sugestión, como si todo fuera causa de un delirio psicológico que se pudiera eliminar con otro delirio.

Yo creo que la psique tiene la fuerza para crear enfermedades físicas y evidentemente psíquicas, pero también al contrario. Los descubrimientos del papel de los neurotransmisores y su inmensa variedad son quizá el futuro campo de investigación más prolífico que modificará completamente la concepción del cerebro, más allá de la física, la química traerá una nueva forma de entender la complejidad de mente y cerebro.

La novela está muy bien documentada y el autor lo agradece en un apéndice. Loable trabajo de documentación y aprendizaje.

La violencia.

Un insomnio no habitual comienza este sábado produciendo el primer espectáculo de la violencia: una bola de fuego en el cielo del amanecer sobre Londres destapa una inquietud.

“una ciudad, por naturaleza, cultiva insomnes; ella misma es una entidad que no duerme y cuyos cables nunca paran de sonar” (p. 29)

Violencia: un día con las reglas cambiadas por una manifestación masiva, una manifestación pacífica contra la violencia de una guerra inminente producen un encontronazo con el coche de un matón en el centro de un Londres plenamente peatonalizado. La moderación da paso a un cierto instinto de supervivencia y a una rabia narcisista que le incitan a enfrentarse al matón. Pero el matón tiene una enfermedad neurodegenerativa. Cierre hermenéutico. Se pasa a otra dimensión. Es la espiral de la violencia.

Herencia

El realismo, la competitividad, el pensamiento burgués de un profesional al que le van bien las cosas, caracterizan a este tipo, Henry. Pero no está solo. Su constelación familiar le acompaña, le enriquece y le da sentido a su existencia en las horas que pasa fuera del trabajo. Un toque bohemio, otro musical, otro estético y otro contestatario están representados por los miembros de su familia dándole vidilla a este personaje que se complementa con los que le rodean. Trabajar o la nada.

Durante la novela se despliega una puesta es escena sobre la herencia. Desde la perspectiva científica a la narratológica.

“Es un lugar común de la genética moderna y la crianza de los hijos que los padres tienen poca o ninguna influencia en el carácter de los mismos” (p. 38)

Y sin embargo poco después Henry se atribuye haberle enseñado el blues a su hijo, que hoy es músico. Y poco después, uno de los nudos: el abuelo, poeta famoso, transimitendo el amor a la poesía a su nieta. Le pagaba por aprenderse poemas de memoria cuando era chica. La nena ya es una mujer y vive en París, presenta su nuevo libro y se produce un choque cuando quiere encontrar el reconocimiento del abuelo.

No es fácil heredar pues a veces se plantea una competición. Poco sana, poco constructiva, muy dolorosa.

La noche del sábado se producirá una reunión familiar donde abuelo y nieta se reencontrarán y todos esperan que hagan las paces.

Agosto: Llega Pablo leyendo el mismo libro. Tampoco le gusta el personaje, pero ¡cómo escribe que McEwan!

Septiembre: Mientras escribo esto me doy cuenta de una cosa. Anoche me acosté sabiendo que pasaría la mañana pasando a limpio las anotaciones de las lecturas. Ahora recordé que soñé que volvía a trabajar en una oficina. Se había creado una nueva empresa de gestión cultural y publicidad que se había llevado a mucha gente de La Fábrica. Me presenté y empecé a trabajar, aunque en realidad era todo tan moderno y el lenguaje tan específico que más que nada durante el sueño yo solo trataba de enterarme de como funcionaban las cosas.

La dinámica era medio parecida a escenas de Mad Men pero en el siglo XXI y otro tanto de The news room.

La gente, y yo misma, me preguntaba qué hacía ahí. Mi respuesta es que quería un poco de adrenalina. Pero al final de la primera jornada, ya empezaba a recordar lo que es todos los días volver al mismo sitio a la misma hora frente a una pantalla. Me despierto en la selva.

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Volver… con Zweig (3129-3240 pp)

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7 de julio (San Fermín)

Han pasado muchos meses. Marzo terminó con una nueva anemia y abril fue una cuenta atrás para sobrevivir al trabajo de Semana Santa y hacer la maleta para ir a Madrid. Llegué a La Plata muy cansada.

9 de junio

Me traigo de este viaje muchos libros-regalos de Stefan Zweig, otros varios psicoanalíticos y alguna novela más.

En el micro de La Plata a casa leo una novelita corta “El amor de Erika Ewald” de Zweig, ay! como escribe este hombre. Ahora no lo detecto, es un post-escriptum, pero tiene mucha mano para escribir desde el punto de vista de las mujeres. Fue un buen feminista.

Lo que no deja de asombrarme de este tipo es tooodo lo que sabía de música, y de filosofía y de literatura y de historia…otra época del saber.

Comienzo nada más llegar a casa el libro “Sábado” (328pp) de Ian McEwan que me ha regalado mi tía Tití.

Y si, han pasado dos meses sin leer ni escribir. Una nueva visita de la anemia me ha dejado ko una buena temporada. Entre tanto me fui a dar besos in situ a familia y amigos. Casi seis semanas de idas y venidas pero poco tiempo interior.

Y desde Julio que a su vez escribí esto, han vuelto a pasar dos meses más. Hoy es 24 de septiembre. Anoche fue el equinocio de primavera en estas latitudes y aunque mucho escribí, todo está en mi libreta y ni tiempo de pasarlo a limpio. Poco a poco, como todo volver.

2601-3128: El Maestro y Margarita de Mijail Bulgakov

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Tras varios días de bastante trabajo retomo la lectura interrumpida de “El maestro y Margarita”.

Es difícil soltar este libro escrito con un ritmo trepidante que sin darte cuenta presenta una caracteriología muy amplia de la humanidad desde el punto de vista de las miserias humanas, y de paso, pone en acto una crítica a los criterios de verdad que suelen circular en una sociedad más o menos acrítica.

La magia, el ilusionismo y en realidad, la sugestión (otra vez con la sugestión…) producen la feria destartalada de un Moscú visitado por el diablo, donde la sociedad moscovita toma por locura todo lo que no puede explicar con sus criterios de realidad y verdad.

(Creo que voy a volver a leer la “Historia de la locura” de Foucault!)

La acción está situada en la Rusia postrevolucionaria, donde el orden social está perfectamente reglado por la burocracia que sin embargo se queda sin herramientas ante el caos provocado por la intervención del diablo y sus secuaces en la vida cotidiana.

El diablo se aparece en Moscú para convencer a una sociedad que se dice atea de que el diablo existe. Y no necesariamente implica que también exista dios…interesante cuanto menos esta idea de que existe el mal y su eternidad donde vive su séquito de malos malísimo, pero ni rastro de su opuesto dialéctico.

Y yo pienso, el ateo bien sabe que existe el mal y no hay motivo para rechazar el símbolo del diablo como personificación del mal.

Lo que rechaza el ateo es la identificación del bien con el creador y todo ello con una entidad trascendente y eterna que se suele llamar dios o dioses.

El ateo es menos optimista que el teísta pues solo puede confiar en el actuar humano motivado por la mera voluntad del bien, y más en concreto, del bien colectivo, del bien general en la utopía del bien universal.

Pero la existencia de tal bien universal es muy difícil incluso de imaginar. Ni en la fórmula kantiana parece que podamos encontrar la referencia para guiar nuestra acción, porque aunque nos inspiremos categóricamente en el Imperativo categórico kantiano, podemos fallar y lo haremos.

PD: Ahora buscando algo de info sobre el autor me encuentro que nació en Kiev…se revolvería en la tierra viendo lo que está pasando por allá…

Dejo aquí un link majo sobre la vida del autor…y sus problemas con Stalin: http://www.letraslibres.com/revista/relectura/el-maestro-y-margarita-de-mijail-bulgakov

No me gusta interpretar las cosas que leo a la luz de la biografía de sus autores, pero está claro que era un autor crítico con el régimen y su modelo de realidad. Crítica política, epistemológica y metafísica.

 

 

 

 

27 de febrero: Sobre fallas y errores

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27 de febrero

Hablaba con una amiga sobre la necesidad de revisar los propios actos cuando algo que va bien encaminado con otras personas, se tuerce. En vez de criticar a los otros hay que mirarse en uno mismo y revisar qué se ha podido hacer mal, aunque sea sin darse cuenta.

Y es que aunque uno no quiera y ponga toda su energía en hacer las cosas bien, se yerra porque “venimos fallados”.

Es otra manera de decir lo que Freud repetía: todos somos neuróticos, no hay uno sano. La normalidad es la neurosis. Y según yo lo entiendo, eso quiere decir que nunca controlamos la situación, ni el decir, ni el hacer, porque no somos ‘uno’, sino que somos ‘múltiples’. El yo no es un monolito que conocemos (ya implica un desdoblamiento esta frase, el que conoce y el conocido…).

Leyendo un breve tratado de yoga de Danilo Hernández (sobre el que daré cuenta más adelante), leo que el yoga define ese error por la fuerza de las “tendencias negativas del ego [no confundir ego con yo]. El aspecto de la personalidad que hace que el individuo se sienta disociado y diferente de su entorno (p. 20), un aspecto que suele estar liderado por los movimientos del intelecto que trata de reinar pero…y sigue: “cuando el intelecto no da más de sí, desarrolla el conocimiento intuitivo, a través de la experiencia directa de la realidad” (p. 21).

Por ahí lo que no debemos descuidar es la observación de la experiencia directa no meramente a través de los sentidos, sino a través de la intuición, esa especie de sentido común poco común, ese sexto sentido que aglutina de forma creadora y profunda la información que recibimos a través de todas nuestras herramientas (incluidas las intelectuales).

 

Poniéndome al día

 

18 de febrero

Este pobre Rousseau se opone a los demás como si él fuera el único virtuoso, como si solo él buscara el bien, frente al resto de contemporáneos y examigos que él califica de cínicos, relativistas y amorales. Desviados de la justicia y el bien según él los entiende llega a afirmar “Toda la generación presente no ve más errores y prejuicios en los sentimientos con que soy el único en nutrirme (….) ¿Soy pues el único sabio, el único esclarecido entre los mortales?”

Y cuando se trata de “todos contra uno” hay una prepotencia que huele a error, pues si alguno de todos esos ‘todos’ o de esos ‘unos’ hubiera sabido alguna vez de forma certera y concluyente qué sea la justicia y qué sea el bien, al menos habría una referencia histórica a la que mirar, y sin embargo no la hay. No hay referencia histórica ni conceptual, ni teórica ni imaginaria, el bien es una ilusión de cada uno en la que cada uno desearía vivir, pero todo cada uno está siempre fallado y no hay forma de saber cuándo ni como mostrará sus fallas. Una amiga se pregunta “¿qué hice mal?” mientras pensaba que solo hacía el bien, con conciencia y voluntad? Y ahí está el meollo, por mucho que nos creamos en el ejercicio del bien y de la ‘justicia imparcial’ (como es del gusto de Rousseau), se trata solo de una ilusión del yo.

El único ejercicio legítimo que se me ocurre es tratar de conocer todo ese otro yo que nos comanda, los instintos y deseos que nos mueven aunque no lo sepamos, aunque no los conozcamos y que no atienden a ningún criterio moral ni ético, son el egoísmo absoluto con una fuerza que también no es desconocida. Sólo en ese conocimiento, como el que habita un saber sabiendo (al más puro estilo aristotélico del entendimiento que entiende, entendimiento) mienta sabe, es decir, de forma activa y orientada a una inquietud por el bien común, se puede lograr una mínima capacidad de convivencia, tolerancia y solidaridad, reconduciendo al menos un poco y de vez en cuando toda esa fuerza inconsciente en algo no egoísta sino común, con fines no egocéntricos sino comunitarios.

24 de febrero

Cuando empecé este blog una amiga me sugirió dos lecturas que en cuanto pude me descargué fácilmente de internet. E introduciendo los libros en otro de los regalos de Mery Popins (de viajes anteriores), mi e-reader, abrí el documento hace unos días.

Se trata de la novela “El maestro y Margarita” de Mijail Bulgakov. 

Al comienzo parece más bien un texto del teatro del absurdo del Becket que esperaba a Godot. Luego se convierte en algo más parecido a Brecht. Los personajes hablan deprisa, hay pocas contextualizaciones y casi ninguna descripción porque en el diálogo se fraguan los escenarios, la atmósfera, los personajes, las relaciones, los miedos y las experiencias que presenta el autor.

Es un buen contraste después de tanto drama de la Segunda Guerra Mundial y de los desastres de los nazis un poco de ficción ligera pero no por ello tonta. De momento muy entretenida, viendo las peripecias que desata la aparición de algo así como ‘el demonio’ en la Rusia del primer comunismo mezclado con referencias históricas.

Veremos como se desenvuelve este Fausto y quizá lea luego la versión de Goethe…