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Desde los comienzos de toda cultura, la vida humana se entiende acompañada de la muerte. Si sólo fuera vida, seríamos dioses.

Y no lo somos.

En los últimos años me interesé, críticamente, los devaneos de la ciencia y de grandes multimillonarios por los tratamientos para prolongar la vida, proyectos Matusalem que desvirtúan lo que pienso que es central en la vida, que no trata del cuánto y si me apuran, tampoco del qué. Sino del cómo. Y es cómo se traduce en poner la dignidad de la vida en el centro de nuestra acción individual y social.

Hoy, la vida se ha detenido en pos de evitar la muerte, y en este paréntesis de parálisis del pensamiento crítico, de la economía, en esta suspensión de las libertades, de las transacciones, de los movimientos…hemos dejado de vivir.

La falta de voces críticas que señalen la suspensión de las libertades basadas en presunciones pseudocientíficas deben encender las alarmas de cómo el estado de derecho se está volcando contra los propios ciudadanos a los que debería defender.

En pos de la alarma, la emergencia y la propagación sin precedentes del miedo, la sumisión reina a sus anchas legitimando el ejercicio de la violencia. La falta de libertad que implica el estado de excepción, de alarma, la obtención de superpoderes de gobernantes mediocres, suma un aliado psicológico: el aplastamiento que el miedo y la desinformación producen en las personas.

El miedo es el mejor antídoto contra la libertad. El miedo es el mejor aliado de los abusos de poder. El miedo es el enemigo del estado de derecho, y en esta ocasión, lo ha convertido en siervo y, con ese movimiento, se ha llevado por delante la posibilidad de pensar que la desproporción y la sobreactuación de los gobiernos de toda la faz de la tierra, huelen a cortina de humo, huelen a backstage desde donde se mueven los hilos de una clase política que parece una compañía de títeres donde los pensantes y los que escriben el guión no se dejan ver. Algo huele a podrido, y si no despertamos de este letargo, quedaremos atrapados en un inframundo indeseable, tiránico y totalitario.

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