1-310 El palacio de la Luna, Paul Auster

El palacio de la luna

Paul Auster

Como una feria de las casualidades o el destino. Duro como todo viaje hacia adentro en busca de uno mismo, y como toda búsqueda de los límites, el abismo. Duro. Áspero a veces.

Uno de los preferidos de mi amiga Emma, según su lista de los top ten publicada en una cadena de sugerencias de Facebook. Pero es una lectura muy dura. Investigación de los límites. Juego de identidades flexibles, creativas, juguetonas pero como siempre llenas de imposibles que dificultan seguir el propio deseo. Y como siempre, una trama familiar de casualidades y destino.

(Pasando estas notas a ordenador me doy cuenta de las reiteraciones, de las frases simple y también repetidas, pero venía así la mano. Y no voy a florearlo.)

Entre la cama de la casa de mi tía abuela Tití y unos días de intensa lectura ya en casa, no puedo decir que haya disfrutado de la historia pero si de la calidad literaria de Auster, que con su “Libro de las ilusiones” llegó tan lejos que es difícil no comparar cualquier otro libro suyo con ese.

(Hoy me he enterado de la muerte de Cati y siento una pena infinita. Lo que la voy a extrañar.
Y pienso en el libro de Estela Arriagada -que ya estoy leyendo mientras paso a limpio las notas- (avisé que la cronología iba más avanzada que la pluma…) sobre nosotros y los otros, el extranjero que hay en cada uno y se que ella ocupa en un lugar en mi porque es parte imprescindible de quien soy.

 

Anuncios

25 de enero 2014

25 de enero de 2014

Bueno, ahora sí. Moleskine y pluma. Entre la maleta de mi padre había como seis cajas de cartuchos para pluma. Plumas que tengo pero que hace casi dos años que no uso. Las saco del estuche, las lavo, las miro y cargo una, otro regalo de hace años. Mi Harley Davidson granate con tinta negra, que en realidad escribe con un turquesa medio verdoso de su anterior cartucho.

 

Porque todo tiene un principio

El día 19 de enero de 2014 fue el cumple de mi abuela. Cumplió 90.

Esta es la primera anotación de este diario que es un regalo de mi madre para elaborar y superar un trauma. Primer año post-traumático.

Uno de los regalos que vino en la maleta que trajo mi padre es este cuaderno Moleskine. Esa maleta se fue abriendo como el bolso de Mery Poppins, lleno de sorpresas que en cada ocasión se adecuaban perfectamente a lo que en ese momento necesitaba.

Mi padre salió el propio 24 de diciembre hacia Argentina al saber que me habían operado de urgencia. La familia estaba reunida para celebrar una noche en que no se celebra nada pero que es una buena excusa para juntarse, acicalarse y compartir una cena alucinante que es lo que siempre hace mi madre. La familia estaba en Las Rozas y se pusieron en marcha: comprar billete de avión, organizar la recogida en Buenos Aires, la llegada a Posadas y luego a Oberá. La flia al completo de organizó y algunos amigos ayudaron en las diferentes etapas.

Mis hermanas y mi madre se aprestaron a buscar cositas que me pudieran servir y alegrar. Cuando salí del hospital llevaba la misma ropa que el día que me puse mal y unas ojotas blancas horribles de la talla 42-43 que mi padre compró en un kiosko la noche anterior, ya que Sebas en su shock no atinó a traerme y dejarme algo de ropa. Le encargué cosas y un día me trajo las chanclas, pero en el aturulle, me las dejó y se las volvió a llevar! Esos primeros días de nada me servían porque no me movía de la cama, pero para salir de la UCI y salir del hospital necesitaba algo más. Luego le pedí a Sebas que me trajera ropa y me trajo dos bragas y una camiseta como todo botín. A la pregunta..”¿pero mi amor? Y el resto de la ropa?” su respuesta fue ponerse rojo…balbucear y decir: es que no sabía… El susto que colapsa el sentido común.

Así llegué a un hotel de Oberá donde se había alojado mi padre y mientras yo descansaba en la cama empezó a sacar bolsas de regalo: un camisón azul precioso terminado con encajes, cortito para no dar calor. Perfecto! Y una bata como de seda rosa palo con dibujitos chinos, cortita, suave, preciosa, perfecta para estos días de recuperación.

Luego salió la batería de crema, cremita, perfume, jaboncito, colonia, cremita…un neceser nuevo…Mi madre había arramplado con cada muestra de cosmético que tenía en la casa más sus cremas nuevas y un perfume Calvin Klein, One! Todo lo que ella se había comprado o le habían regalado en el último mes (cuando además es su cumpleaños), terminó en esa maleta en diferentes paquetitos y salió a la luz antes de darme mi primer baño. Esa noche me encremé entera!

Vino Sebas al hotel con su minipaquetito de ropa y nos pusimos a organizar el viaje a La Plata. Era viernes y la médica que me había operado no aconsejaba viajar antes del lunes, pero la perspectiva de estar dos días más en ese hotel era un poco ridículo y miramos pasajes de avión para el domingo. El vuelo era por la tarde y llegaríamos muy de noche a La Plata, era demasiado exigido el viaje. El sábado el avión salía por la mañana…pero quizá era muy pronto para viajar. En principio Sebas vendría el sábado con mis cosas, pero entonces nos armamos de coraje y decidimos salir el sábado, sin mis cosas, ya que en la maleta de papá había también un pantalón, camisetas, ropa interior y hasta un pañuelo! Mery Pompis está en todo!

A la tarde me despedí de Sebas y el sábado temprano, vestida y perfumada con todos esos reglado, salimos para Buenos Aires y luego La Plata.

Preámbulo

21 de enero de 2014

Ya hace 11 días que volví a casa y estoy mucho mejor. Descanso mucho y hago poco hasta el punto de que se me están pelado las manos, estoy perdiendo los pequeños cayos que tenía…ahora soy una lady de verdad!

Ya en el hospital había querido leer, pedí un periódico y me dejaron una revista. Solo habían pasado dos días de la operación y me costó un montón enfocar las letras. Cuando se lo conté a mi padre me dijo que era uno de los síntomas de una recuperación buena: querer leer. Supongo que eso me quedó dando vueltas en el inconsciente.

Y en cuanto estuve un poco mejor me agarré a un libro que le había sacado de la biblioteca a mis tíos-abuelos Quique y Tití que me acogieron en su casa durante mi recuperación en La Plata. Había cientos de libros donde elegir, pero fui a algo seguro, encontré una pequeña sección de Paul Auster y saqué “El palacio de la Luna”. Durante esos días en La Plata tenía ganas de leer pero me costaba mucho enfocar, así que a penas 50 o 60 páginas pude avanzar.

En casa sin embargo lo terminé en dos tardes a la sombra con un tereré en mano y Pepa dando vueltas entre mis piernas.

Cuando lo terminé me acordé que de la maleta de papá habían salido otras cosas que Sebas había traído a casa directamente sin que yo las hubiera visto. Las había visto ocupar un costado de la cama y un estante de nuestro cuarto. Había unos paquetes de IKEA para ayudarnos a ordenar nuestro desorden y libros.

Los saqué todos y los puse encima de la cama. Había una agenda Moleskine del año nuevo, 2014. Todavía con su plástico y ya estaba en el día 23. La abrí y anoté el cumpleaños de mi abuela. Luego fui al día 23 y empecé a notar impresiones de la primera lectura. Luego seguí mirando los libros, una buena mezcla. Y encontré otro que es siempre lectura segura: “La embriaguez de la metamorfosis” de Stefan Sweig, uno de los preferidos de mi querida Maytechu.

Lo leí del tirón y luego me puse a escribir. No me bastaba el espacio de la Moleskine dedicado a cada día así que avanzaba más rápido mi pluma sobre el calendario que el tiempo cronológico. Ya voy por el día 29, adelantándome al cumpleaños de mi querida Carli.

Entonces me di cuenta de lo bien que me estaba sentando leer y como la lectura me provocaba la escritura. Desde hace años la literatura solo ocupa pequeños intervalos entre lecturas filosóficas, pero ahora ni mis ojos ni mi atención pueden con la filosofía, así que se me ocurrió este proyecto.

Cuando estaba en el hospital tuve un arranque de tomar decisiones de cosas que estaban en el limbo. Necesitaba reorientar mis proyectos para no sentir el vacío de un cambio de rumbo brutal, perder un embarazo y postergar un buen tiempo la posibilidad de buscar otro, sentirme tan débil, los recuerdos de lo vivido y las nuevas sensaciones, todas las emociones de este mes, tan fuertes y tan profundas. Necesito hacer katarsis, sublimar todo el sufrimiento mío y de los que me rodean. Y una de esas decisiones fue retomar la tesis.

Pero no me siento ni con fuerzas ni con habilidad suficiente, estoy desentrenada. Por eso el proyecto 10.000 páginas.

Proyecto 10.000 páginas

Este 2014 comenzó con una gran tarea: recuperarme física y espiritualmente el golpe que supuso perder el embarazo porque era ectópico y casi la vida por un cúmulo de circunstancias.

Los médicos y muchos de los que me quieren y saben de estas cosas me avisaron de que es un punto de inflexión. Así que aquí estoy, recuperándome haciendo lo que se hacer y tanto me gusta.

Los día siguientes a la operación tuve varios impulsos de cerrar cuestiones pendientes. Y entre esas cosas está la tesis.

Pero todavía estoy muy floja y hasta la vista tengo un poco tocada, las neuronas dispersas y los sentimientos sin palabras, arremolinados en emociones que tengo que explorar.

Cuando volví a casa, tres semanas después, poco a poco me acerqué a los libros que resultaron una buena tabla de salvación. Y así se me ocurrió este proyecto, como un viaje por la experiencia de otros para reencontrarme con mis palabras, entrenar los ojos, aceitar las neuronas y prepararme para el camino intelectual de terminar la tesis habiendo recuperado la pluma y le verso.

Me encontré hace unos días anotando: “Escritura de la memoria, del olvido, de la búsqueda, de la descarga, del descargo”.

Al principio me recordó al título de un libro que mucho he leído de Paul Ricoeur, “La memoria y el olvido”. Pero me di cuenta de que eran solo algunos de los usos que tiene la escritura para mí.

La idea es leer 10.000 páginas de literatura y dejar que mi pluma fluya con comentarios y asociaciones. Así que voy a ir compartiendo todo lo que va saliendo.

Se me ocurrió el siguiente preámbulo para la tesis-del-futuro:

“Esta tesis comienza a acabar con 10.000 páginas de terapia. Las primeras semanas tras una trauma finalizan con un primer atracón de literatura que resulta terapéutico y enlaza con una de mis primera decisiones tras despertar de la anestesia y conocer lo que había pasado. Volver a poner en un lugar eminente la vida intelectual en mi cotidianidad.

Digo esto a un mes del dolor, de la pérdida. Lo digo porque hace dos días he recuperado la palabra, gracias a la lectura, gracias a que puedo leer ahora, también puedo decir”

Anotación del 23 de enero de 2014.