Etiquetas

, , ,

27 de febrero

Hablaba con una amiga sobre la necesidad de revisar los propios actos cuando algo que va bien encaminado con otras personas, se tuerce. En vez de criticar a los otros hay que mirarse en uno mismo y revisar qué se ha podido hacer mal, aunque sea sin darse cuenta.

Y es que aunque uno no quiera y ponga toda su energía en hacer las cosas bien, se yerra porque “venimos fallados”.

Es otra manera de decir lo que Freud repetía: todos somos neuróticos, no hay uno sano. La normalidad es la neurosis. Y según yo lo entiendo, eso quiere decir que nunca controlamos la situación, ni el decir, ni el hacer, porque no somos ‘uno’, sino que somos ‘múltiples’. El yo no es un monolito que conocemos (ya implica un desdoblamiento esta frase, el que conoce y el conocido…).

Leyendo un breve tratado de yoga de Danilo Hernández (sobre el que daré cuenta más adelante), leo que el yoga define ese error por la fuerza de las “tendencias negativas del ego [no confundir ego con yo]. El aspecto de la personalidad que hace que el individuo se sienta disociado y diferente de su entorno (p. 20), un aspecto que suele estar liderado por los movimientos del intelecto que trata de reinar pero…y sigue: “cuando el intelecto no da más de sí, desarrolla el conocimiento intuitivo, a través de la experiencia directa de la realidad” (p. 21).

Por ahí lo que no debemos descuidar es la observación de la experiencia directa no meramente a través de los sentidos, sino a través de la intuición, esa especie de sentido común poco común, ese sexto sentido que aglutina de forma creadora y profunda la información que recibimos a través de todas nuestras herramientas (incluidas las intelectuales).

 

Anuncios