Etiquetas

, , , , ,

8 de febrero

La lectura avanza. Casi terminando “La curación por el espíritu” otra vez de Zweig.

Absolutamente cautivante esta forma de relatar vidas y obras. Con lo buen biógrafo que fue dan ganas de seguir y seguir conociendo a otros gracias a él. No me extraña que su última gran obra haya sido su propia biografía, pero esta vez sin documentos, a vuela pluma.

Leo con la avidez de las lecturas de adolescencia, sin parar. De día y de noche. Ya hace tiempo que la literatura había pasado a otro plano, en la juventud se hicieron típicas de las vacaciones estas lecturas, desde que la filosofía penetró y dejó poco tiempo para lo demás. Y luego entró el psicoanálisis y ya no quedó lugar para la literatura más que en pequeños intervalos de vacaciones.

Hoy por vivir donde vivo y como vivo me puedo permitir este atracón de letras, palabras y páginas.

Son una vía de escape a la vez que una inmersión fabulosa en otras vidas, katarsis que dirían algunos.

Pero este Zweig debería estar junto con Cervantes, Goethe y Tolstoi. O entre los Marías, Auster y Boyd de mi lista de top ten de facebook.

En este libro relata la vida de tres personas que desarrollaron diferentes métodos de curar a través del espíritu, sea lo que sea éste. Mesmer, una alucidana estadounidense llamada Mary Baker Eddy -de la que nunca había oído hablar hasta ahora- y Freud. Esta tríada extraña sin embargo tiene más que ver de lo que uno puede imaginar al inicio.

Pero Zweig es humilde al escribir, sabe que no sabe, que rellena huecos con la imaginación allí donde no hay documentos o donde hay saltos biográficos o donde hay que presuponer cómo se sentía el sujeto. Es una graaan imaginador de emociones, pensamientos e ideas.

En un punto casi me hace llorar cuando escribe: “No lo sé a ciencia cierta, pero, al llegar ahí…” (h. p. 157) Se está refiriendo al descubrimiento de la sexualidad infantil por parte de Freud. Y el biógrafo, con los zapatos de Freud en sus propios pies confiesa humildemente, desde el conocimiento de su época, la seguridad que tuvo que tener Freud en cuanto a su descubrimiento como para echar por tierra toda la moralidad de una cultura.

Sobre la implicación cultural de los descubrimientos de Freud dice: (h. p. 161) Toda una generación ha aprendido -y ya se enseña en las escuelas- a no sustraerse a las decisiones internas, a no esconder los problemas íntimos y personales, sino, al contrario, a tomar conciencia, con mayor claridad posible, del peligro y del misterio de las crisis del alma”.

Cosa que se relaciona con la perspectiva del narrador del relato corto “Venticuatro horas en la vida de una mujer”.

Sin duda no es un biógrafo objetivo ni pretendidamente cientificista. Se trata de un reconstructor. El que conoce un poco la vida de Freud se da cuenta enseguida de que su conocimiento de la historia del psicoanálisis es breve y aunque conoció al propio Freud (con el que mantuvo correspondencia, entre otras cosas, sobre este retrato que le hizo Zweig), cae en los prejuicios de su propio entusiasmo.

Ahora bien, como coetáneo de Freud es muy interesante la evaluación que hace del impacto cultural y social que tuvo su perspectiva de la psicología y como, en general, hizo accesible tanto el estudio de la psique en términos modernos como su tratamiento.

No conocía mucho sobre la vida de Mesmer ni de la alucinada Mery Baker, pero son requete-entretenidas de leer y lanzan sobre todo una pregunta: ¿Cuál es al fuerza del espíritu? Siendo que tenemos constancia de su existencia aunque desconozcamos su sustancia… estos tres ejemplos dan cuenta de cuánto hemos subestimado el espíritu en nuestra cultura occidental. Llámese hoy psique o alma, eso que está ahí y que somos sin saber qué es ni como actúa. Solo cuando la física se plantee esta cuestión nos acercaremos a algo constructivo para la ética, entre tanto bla, bla, bla.

Anuncios