Rousseau es atacado por sus contemporáneos ilustrados y se siete incapaz de participar en una vida social que se le aparece llena de frivolidad, injusticia y superficialidad.

 Justifica por ello su naturaleza solitaria (y perezosa!) en su “Autorretrato”, en las “Ensoñaciones” y cartas que encuentro en esta edición de Alianza.

 “Conocerse a sí mismo” es vagar por sus recuerdos (p. 37)…de nuevo el viejo Sócrates.

 “me acostumbré poco a poco a nutrirlo [alimento para mi corazón] con su propia sustancia y a buscar todo su pasto dentro de mí”

 “aprendí (…) que la fuente de la verdadera felicidad está en nosotros”…y en ello estoy.

 “Al querer acordarme de tantas dulces ensoñaciones, en lugar de escribirlas volvía a caer en ellas. En ese estado cuyo recuerdo lo hace resurgir, y que se cesa de conocer tan pronto como cesa de sentirlo”…presente puro, yo puro, conciencia atenta a la conciencia, muy bergsoniano o Bergson muy roussoniano.

 

No debe ser casual que tantos franceses hayan tomado el camino de la introspección como respuesta a una actividad relativista del conocimiento exterior.

 

Pascal, Descartes, Montaigne, Rousseau y Bergson entre otros, hacen del conocimiento de su propio pensamiento y sensibilidad, su propio proyecto vital del que a su vez extraen conocimiento. No es poco!.

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