21 de enero de 2014

Ya hace 11 días que volví a casa y estoy mucho mejor. Descanso mucho y hago poco hasta el punto de que se me están pelado las manos, estoy perdiendo los pequeños cayos que tenía…ahora soy una lady de verdad!

Ya en el hospital había querido leer, pedí un periódico y me dejaron una revista. Solo habían pasado dos días de la operación y me costó un montón enfocar las letras. Cuando se lo conté a mi padre me dijo que era uno de los síntomas de una recuperación buena: querer leer. Supongo que eso me quedó dando vueltas en el inconsciente.

Y en cuanto estuve un poco mejor me agarré a un libro que le había sacado de la biblioteca a mis tíos-abuelos Quique y Tití que me acogieron en su casa durante mi recuperación en La Plata. Había cientos de libros donde elegir, pero fui a algo seguro, encontré una pequeña sección de Paul Auster y saqué “El palacio de la Luna”. Durante esos días en La Plata tenía ganas de leer pero me costaba mucho enfocar, así que a penas 50 o 60 páginas pude avanzar.

En casa sin embargo lo terminé en dos tardes a la sombra con un tereré en mano y Pepa dando vueltas entre mis piernas.

Cuando lo terminé me acordé que de la maleta de papá habían salido otras cosas que Sebas había traído a casa directamente sin que yo las hubiera visto. Las había visto ocupar un costado de la cama y un estante de nuestro cuarto. Había unos paquetes de IKEA para ayudarnos a ordenar nuestro desorden y libros.

Los saqué todos y los puse encima de la cama. Había una agenda Moleskine del año nuevo, 2014. Todavía con su plástico y ya estaba en el día 23. La abrí y anoté el cumpleaños de mi abuela. Luego fui al día 23 y empecé a notar impresiones de la primera lectura. Luego seguí mirando los libros, una buena mezcla. Y encontré otro que es siempre lectura segura: “La embriaguez de la metamorfosis” de Stefan Sweig, uno de los preferidos de mi querida Maytechu.

Lo leí del tirón y luego me puse a escribir. No me bastaba el espacio de la Moleskine dedicado a cada día así que avanzaba más rápido mi pluma sobre el calendario que el tiempo cronológico. Ya voy por el día 29, adelantándome al cumpleaños de mi querida Carli.

Entonces me di cuenta de lo bien que me estaba sentando leer y como la lectura me provocaba la escritura. Desde hace años la literatura solo ocupa pequeños intervalos entre lecturas filosóficas, pero ahora ni mis ojos ni mi atención pueden con la filosofía, así que se me ocurrió este proyecto.

Cuando estaba en el hospital tuve un arranque de tomar decisiones de cosas que estaban en el limbo. Necesitaba reorientar mis proyectos para no sentir el vacío de un cambio de rumbo brutal, perder un embarazo y postergar un buen tiempo la posibilidad de buscar otro, sentirme tan débil, los recuerdos de lo vivido y las nuevas sensaciones, todas las emociones de este mes, tan fuertes y tan profundas. Necesito hacer katarsis, sublimar todo el sufrimiento mío y de los que me rodean. Y una de esas decisiones fue retomar la tesis.

Pero no me siento ni con fuerzas ni con habilidad suficiente, estoy desentrenada. Por eso el proyecto 10.000 páginas.

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