El palacio de la luna

Paul Auster

Como una feria de las casualidades o el destino. Duro como todo viaje hacia adentro en busca de uno mismo, y como toda búsqueda de los límites, el abismo. Duro. Áspero a veces.

Uno de los preferidos de mi amiga Emma, según su lista de los top ten publicada en una cadena de sugerencias de Facebook. Pero es una lectura muy dura. Investigación de los límites. Juego de identidades flexibles, creativas, juguetonas pero como siempre llenas de imposibles que dificultan seguir el propio deseo. Y como siempre, una trama familiar de casualidades y destino.

(Pasando estas notas a ordenador me doy cuenta de las reiteraciones, de las frases simple y también repetidas, pero venía así la mano. Y no voy a florearlo.)

Entre la cama de la casa de mi tía abuela Tití y unos días de intensa lectura ya en casa, no puedo decir que haya disfrutado de la historia pero si de la calidad literaria de Auster, que con su “Libro de las ilusiones” llegó tan lejos que es difícil no comparar cualquier otro libro suyo con ese.

(Hoy me he enterado de la muerte de Cati y siento una pena infinita. Lo que la voy a extrañar.
Y pienso en el libro de Estela Arriagada -que ya estoy leyendo mientras paso a limpio las notas- (avisé que la cronología iba más avanzada que la pluma…) sobre nosotros y los otros, el extranjero que hay en cada uno y se que ella ocupa en un lugar en mi porque es parte imprescindible de quien soy.

 

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